Quién es el Sr. Wilson?

Will para los amigos 🙂

“Will” es el nombre de mi perro. Es un nombre de persona, como Will Smith, pero es el que mis hijas eligieron para él. Aunque no me pareció ideal, luego me fui acostumbrando y ahora ya me suena a “nombre de perro”.

La historia de Will empieza un jueves de septiembre, allá por el año 2014. Mi hija mediana me manda un mensaje con una foto de un cachorro con ojos de perdido, diciéndome que lo tenían en una protectora y que el lunes siguiente lo iban a sacrificar, porque no tenían lugar. Lógicamente, lo primero que pensé fue que mi hija, adolescente en ese momento, me estaba mintiendo para que yo accediera a tenerlo en casa. Asique, ya cansada de sus caprichos, le pedí el número de la persona responsable para asegurarme de que me decía la verdad. Pensé que me saldría con alguna excusa, pero extrañamente me lo dio enseguida! Por lo que parecía que me decía la verdad.

Ya sabemos cómo son los hijos: quieren un perro y te prometen que van a cuidarlo para siempre, pero luego terminamos cuidándolo nosotros. No son conscientes de los cuidados que hay que proporcionarles y de la responsabilidad que esto conlleva. Yo he tenido perros toda mi vida, pero siempre vivimos en casa con jardín. Y allí siempre había lugar de sobra para que cualquier perro viviera con el espacio suficiente. Ahora, en nuestro piso, no tenemos terraza ni balcón, y viendo las patas de aquel animal, supe que iba a ser bastante grande. No podía permitir que un perro viviera encerrado, sin un poco de verde alrededor. Y por eso siempre me había negado rotundamente a tener uno en casa.

Pero decidí darle una oportunidad a mi hija, que además se lo había contado a su hermana pequeña, y ahora tenía a dos personas intentando convencerme. Ya que, por supuesto, ella se había entusiasmado un montón. Por lo que espere hasta salir del trabajo y llame a ese número. Para mi sorpresa, todo era verdad! La señora de la protectora me explico que no tenía medios para atenderlo ni lugar suficiente. Y que, lamentablemente, él y sus hermanos iban a ser sacrificados el lunes. Me conto que los habían hallado debajo de un puente, en las afueras de Barcelona, con la madre ya muerta. Eran 4 hermanitos. La cuestión es que no pude decirle que no.

Y el sábado Will llegó a casa. Venía con un juguete medio roto y una manta azul llena de pulgas. Lo recibieron mis hijas, porque yo tenía que trabajar ese fin de semana. Supieron cuidarlo muy bien hasta que yo llegué el domingo. Me mandaron fotos pero yo no tenía ninguna intención de encariñarme con él. Obviamente, desde el momento en que lo tuve en brazos, me robó el corazón. ¿Es lo normal, no?

Después me enteré de que, afortunadamente, a sus hermanitos también pudieron encontrarle un hogar. Sino hubiese sido así, estoy segura de que hoy, en lugar de uno, tendría 4 perros!!

En la semana lo llevamos al veterinario. Lo encontró sano. Había que desparasitarlo. Dijo que tenía casi 3 meses de vida y ya pesaba 7 Kg! Fijamos su fecha de cumpleaños en el 1 de julio, dado que no sabíamos el día exacto de su nacimiento. Le pusimos el chip y ya teníamos su cartilla de salud con todos sus datos y próximas vacunas. Todo estaba correcto y en orden 👍

El tiempo fue pasando y Will se convirtió en uno más de la familia. Mis hijas lo sacaban a pasear, mi marido lo sacaba por la noche, porque él llegaba siempre sobre las 2 am de trabajar, y yo lo sacaba cuando no había nadie más disponible. Desde el principio se apoderó de nuestra casa, que se convirtió en su campo de juegos personal. Era cachorro y es normal que muerdan y rompan todo. Las patas de la mesa del comedor y de las sillas fueron las más afectadas. También alguna zapatilla que olvidábamos guardar. Y además, TODOS los peluches de la casa terminaron bajo sus garras. En fin, lo normal. Pero contaba con nuestra paciencia y era tan dulce que resultaba muy difícil enfadarse con él.